Ni Evo es Trotsky ni Cárdenas protegió a la comunidad judía

Ni Evo es Trotsky ni Cárdenas protegió a la comunidad judía

Hoy en su conferencia matutina el presidente comparó el asilo de Evo Morales con el concedido a Trotsky y la «protección» que Cárdenas ofreció a la comunidad judía.

Primero debo destacar que el presidente tiene como tal el derecho de asilar a quien quiere, aunque yo creo que los asilados deben aceptar su condición y no usar el país como megáfono o plataforma para provocar confrontaciones y situaciones embarazosas a quien les abre las puertas.

Una vez reconocido esto debemos corregir algunos detalles de la afirmación de hoy.

Primer, Cárdenas NO apoyó a la comunidad judía como claramente ha sido demostrado por la investigadora Daniela Glacer.

Cárdenas si apoyo a los refugiados españoles -entre los cuales estaban algunos judíos miembros de las Brigadas Internacionales y de la resistencia antinazi- cuya presencia catapultó a México hacia adelante en muchísimos campos profesionales, académicos e intelectuales, pero nunca «protegió» a la comunidad judía.

Dicho esto que no es más que un dato colateral, comparar a Evo Morales con Trotsky seguramente halagará al boliviano pero no necesariamente al ruso cuya incorruptibilidad fue corroborada en múltiples ocasiones pero peor aún, la comparación debe poner a temblar e Evo porque, como la historia lo registra, el gobierno de Cárdenas no solo cerró las puertas a la inmigración judía, sino que ni siquiera pudo dar a Trotsky la seguridad necesaria y así presenció su asesinato por Stalin -en su momento usando a Siqueiros como sicario- así que, si fuera Morales empezaría a preocuparme.

Por otro lado, comparto con el Sr. presidente el orgullo de pertenecer a un país que puede darse el lujo de recibir refugiados de todo el mundo y espero que mantenga esta actitud, pero con la limitante de asegurar – por difícil que esto resulte- la pasividad del refugiado.

Que se quede acá, que busque trabajo, que genere sus propios ingresos -que no sea eternamente becado por la nación que lo recibe- y sobre todo que no nos use para insistir en regresar a un país donde tanto las elecciones como la «opinión pública en la calle», la de las encuestas extraoficiales, lo han obligado a salir por haberse querido entronizar en un puesto que ya no le correspondía.

No, Morales no es Trotsky ni es un refugiado de una persecución. Es un líder que tuvo su momento y sus glorias pero que las disipó con su insistencia de quedarse en el poder y que ahora, viviendo en México, debe olvidar para dedicarse a demostrar que puede ser un ciudadano productivo, trabajador y un ejemplo de lo que les pasa a los líderes que creen que pueden burlarse eternamente de las instituciones democráticas y la voluntad del pueblo.

Así que, bienvenido Sr. Morales porque con su presencia nos demuestra primero que la ciudadanía si puede obligar a los líderes a respetar las leyes y dos, que ningún líder es ni eterno ni mesiánico y que hay que aprovechar el tiempo que la elección -y los votantes por su intermedio nos brindan- para trabajar arduamente en mejorar al país todo y no en buscar la reelección.

Gracias señor presidente por tener la humanidad para recibirlo y la humildad para hacerle saber que no debe usarnos de plataforma para tratar de violar la voluntad de su pueblo.

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