La paradoja del cáncer en México

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Salomón Chertorivski

Niñas y niños sobreviven hoy a leucemias que hace apenas unos años parecían incurables. En Londres, investigadores del Great Ormond Street Hospital y del University College London lograron que células inmunes modificadas genéticamente combatieran leucemias resistentes a otros tratamientos. En Nueva York, el equipo de Andrea Cercek, del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, consiguió que pacientes con un tipo específico de cáncer de recto alcanzaran una respuesta completa con inmunoterapia, sin cirugía.

En Suecia, un ensayo con más de 105 mil mujeres demostró que la inteligencia artificial puede ayudar a detectar 29 por ciento más cánceres de mama. Y Moderna y Merck desarrollan una vacuna personalizada contra el melanoma que alcanzó un resultado positivo en un ensayo clínico de fase 3. La medicina está abriendo posibilidades que hasta hace poco parecían ciencia ficción.

Mientras el mundo aprende a combatir el cáncer con herramientas cada vez más precisas, México está dejando de diagnosticar a tiempo. En 2025, el cáncer cobró la vida de 101,391 personas en nuestro país y fue la cuarta causa de muerte. Para niñas y niños de cinco a catorce años, es la primera. Ante una enfermedad como ésta, cada día cuenta. Estamos perdiendo terreno justo donde comienza la posibilidad de salvar una vida: en la detección oportuna.

Entre 2018 y 2025, el número total de mastografías realizadas en el Sistema Nacional de Salud cayó 65.9 por ciento –de 2.4 millones a apenas 835 mil–, el de citologías cervicales disminuyó 33.4 por ciento y, entre 2022 y 2025, el de consultas de especialidad se redujo 37.8 por ciento: menos estudios, menos consultas, menos oportunidades de encontrar un tumor antes de que sea demasiado tarde.

Cuando la cobertura del sistema público se contrae, las familias buscan opciones donde pueden encontrarlas. Entre 2018 y 2025, el número de quimioterapias administradas en hospitales privados aumentó 13 por ciento y el de radioterapias, 34.8 por ciento. En un país tan desigual, las posibilidades de enfrentar con éxito un cáncer dependen cada vez más de la capacidad de pago: la enfermedad es la misma para todos; las oportunidades de sobrevivir, no.

Ésa es la paradoja de nuestro tiempo: nunca habíamos tenido tantas herramientas para combatir el cáncer y, pese a ello, en México estamos reduciendo las oportunidades de detectarlo a tiempo. No es posible aprovechar las bondades de la inteligencia artificial sin mastografías que analizar; poco logrará la inmunoterapia sin un diagnóstico preciso; y de nada servirán las vacunas personalizadas si los tumores no son diagnosticados a tiempo. Ninguno de estos avances sirve si el sistema falla antes de que el paciente pueda acceder a ellos.

La ciencia está cambiando las posibilidades de sobrevivir el cáncer. Hoy, la ventaja no depende sólo de los avances de la medicina, sino de quién puede beneficiarse de ella. El cáncer ya no tiene por qué ser una sentencia de muerte. Pero un diagnóstico tardío o un tratamiento inaccesible o incosteable equivalen a una condena. Hacer de los avances científicos oportunidades reales de vida exige algo más que innovación: un sistema de salud capaz de gar

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